Un conductor de la línea 447 impide a un niño discapacitado subir al autobús

sillaadaptada

La silla que no permitió subir.

Fue todo muy rápido. El conductor de la línea 447 paró en la cabecera de la línea le dijo a la cuidadora del niño de 9 años discapacitado y con parálisis cerebral, que lo que llevaban no era una silla de ruedas y que no bajaba la rampa, cerró la puerta, metió primera y se marchó. En la parada bajo la carretera de Toledo se quedó la chica con el niño, sin poder explicar que la silla adaptada es de un niño discapacidtado, que no puede andar, que tampoco puede hablar, que es peligroso incluso intentar subir la silla a pulso. Después queda la rabia y la impotencia de la familia, que ya ha puesto una queja formal en el Consorcio de Transportes y que hoy mismo acudirá a los juzgados para presentar una denuncia por lo que consideran una vulneración de derechos.

«He pasado de la pena y la tristeza por ver a mi hijo así en la parada del autobús a la indignación y la rabia. ¿Cómo puede ocurrir algo así? ¡Todos tenemos derecho a un transporte público, y mi hijo también!», reivindica Raquel Monreal. No había sido el primer incidente ese mismo viernes 25 de julio, día en el que la Asociación Dedines había planificado una salida a la piscina de Sector III. «En el trayeto de ida a otro de los niños le pusieron problemas para bajar la rampa, el conductor se ofreció a ayudar a subir la silla a pulso, pero cuando le explicaron que era peligroso porque el carro es muy pesado y un mal golpe para estos niños puede ser  grave, cedió y bajó la rampa sin problemas». Un tercer autobús también puso reparos iniciales a bajar la rampa.

De momento, han iniciado la vía de la reclamación ante el Consorcio y el juzgado, pero lo que verdaderamente quieren es que este caso no se vuelva a producir. Esta es la carta que la madre ha remitido a la redacción de GETAFE CAPITAL explicando lo sucedido.

Carta de una madre indignada

Me dirijo a ustedes como madre de un niño de 9 años con PCI. Mi hijo no habla, no camina con autonomía, tiene crisis epilépticas y altibajos emocionales. Nuestro día a día es agotador y una lucha constante para poder comunicarnos, atenderle y cubrir todas sus necesidades. Les comento esto porque ya es duro «per se» el convivir con la discapacidad en las rutinas diarias pero a esto tenemos q añadir lo que se nos presenta extra.
El viernes 25 de julio, sobre las 14.15 horas mi hijo regresaba de una actividad que realizaba con la Asociación Dedines. La coordinadora de actividades de la asociación, una voluntaria y mi niño de nueve años esperaban el autobús en la parada 9544, justo debajo del puente de la autovía de Toledo, para regresar a casa.
Llega el autobús de la línea 447 y le piden al conductor que active la rampa para subir al niño al vehículo. El conductor, muy humano, decide que el carro adaptado de mi hijo NO es una silla de ruedas sino un carro de bebé y no baja la rampa. La voluntaria intenta explicar que es un carro adaptado y que el niño no pude subir por su pie al autobús. No puede terminar. El conductor cierra la puerta, mete primera y se larga dejando a la chica con la palabra en la boca y a mi hijo TIRADO en la parada.
Este señor no solamente no cumple con su obligación sino que vulnera un derecho de mi hijo. ¡Se supone que el transporte público es de TODOS y de él también!
Pueden imaginarse el disgusto cuando llegaron a casa, más tarde de lo habitual, contando lo que había pasado… Mirar a mi hijo, saberle indefenso, pensar que ese señor no tuvo ningún miramiento y se fue… es un dolor tal, que me entran ganas de llorar cada vez que lo recuerdo.
Me gustaría encontrarme con ese conductor, todo corazón, presentarle a mi hijo, mostrarle que el carro no es un carro de bebé, educarle en lo que es la discapacidad y hacerle ver que en cualquier momento él o cualquiera de su familia puede verse en la situación de mi hijo. La discapacidad, señor conductor, es algo q llega por sorpresa, sin avisar. No la elegimos. Que mi hijo no hable o parezca que no entiende, no significa que no tenga los mismos derechos que cualquier otro viajero y usted lo ha vulnerado y vejado con su actuación. Oigame señor conductor porque yo soy la voz de mi hijo.
Es muy duro pensar que tengo que reclamar para mi hijo algo que ya es suyo por ley. 
Es muy triste tener que batallar por cosas que los demás niños tienen sin ningún esfuerzo.
Es agotador tener que luchar absolutamente por todo lo que signifique una necesidad cubierta para mi niño…
Sea como sea y cueste lo que cueste los padres de los niños con necesidades especiales estamos aquí para que se les vea, se les escuche y se les conozca.
Ayúdenme a que mi hijo sea el último, por favor.
Les saluda atentamente:
Raquel Monreal

Raquel González - Directora Grupo Capital

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